Sanación de las aguas del Japón y del planeta
La base para experimentar paz interior comienza al adquirir 100% de responsabilidad. He escrito sobre este tema en algunos artículos y por ello reconozco que llevar el 100% de responsabilidad por lo que se siente, a la práctica es algo que se va aprendiendo en la misma medida en que se reconoce al ego o al recuerdo como la causa principal de la insatisfacción, de la intranquilidad, de la infelicidad.
No se trata de ser 100% responsable por todo lo que sucede, ya que no eres consciente de todo lo que sucede.
La risa: medicamento esencial
Hace algunos días entré en un local de la ciudad donde sacan fotocopias y te encuadernan las hojas. Mientras yo era atendida, uno de los empleados prestaba mucha atención a una señora desesperada y encolerizada que había ido a quejarse de él y con él por una encuadernación que le había hecho recientemente. El muchacho la escuchaba, la miraba, hacía contacto con ella. Me di cuenta de que había RESPETO en su actitud, parecía comprenderla mientras la mujer vociferaba respecto del mal servicio del negocio. Yo estaba atenta a la situación sanando y aprendiendo de la mirada de ese muchacho que creo que estaba en mi escena para enseñarme algo más.
Si Dios fuera una mujer
¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.
Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.
Poema de Mario Benedetti
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